EL RURALITA

1997 fue el año en el que el club se aproximó a la escena electrónica española, toda vez que esta empezaba, aunque de forma marginal, a establecerse en las grandes capitales. Al fin llegaron a Vademecum los primeros directos y Djs de Madrid, Barcelona y otras ciudades.
En cualquier caso, la escena electrónica era minúscula si la comparamos con otros países. Apenas un puñado de sellos como Boozo Music, Cosmos, Minifunk, Novophonic, Stereophonic Elefant Dance, etc; artistas jóvenes como Frogmen, Silvania, Hd Substance, Caligula 2000, etc.; y otros tantos djs y clubs.

Por su parte, el Sonar continuaba su ascenso y protagonismo en el circuito internacional. El programa de Radio 3 Siglo XXI cubría una parte del vacío informativo musical. Y nacían los primeros intentos de prensa “electrónica” alternativa con Disco 2000, Self, Neo2, Dance de Lux, etc.

Club Vademecum, o Clube Vademecum, iba consolidándose como alternativa nocturna en relación a la música de baile, dentro y fuera de Galicia, pero la nueva situación restringía en exceso el horario de apertura a la últimas horas del fin de semana, entre el cierre de los clubs nocturnos y la apertura de los "after hours" ya diurnos. Este esquema, al que la audiencia nos había relegado por su hoja de ruta, no colmaba nuestras expectativas. Además, el baile vertical limitaba a un papel secundario, casi marginal, a ciertos estilos preferentes en nuestra filosofía.

Era pues el momento y el tiempo de adaptar el viejo almacen del Club y abrirlo con otro concepto, complementario pero alternativo al espacio principal. En 1997 nació el Ruralita, nombre que venía de atrás, del Ruralex, pero que por su papel de "backstage" durante todos esos años no había trascendido más allá de un circulo casi íntimo. Así pues, tomamos esa referencia y la hicimos pública inaugurando una sala pequeña, en horario semanal y casi diurno.

En su momento, la gran novedad del Ruralita estuvo, además de ofrecer una carta de zumos naturales, en poner a disposición de sus clientes los primeros ordenadores conectados a internet en un club de la ciudad. Todo ello “regado” por aquellos sonidos más ligados al baile horizontal también llamado "chill out".

Ruralita nos permitió ofrecer muchas más horas de música, durante casi toda la semana y en horario diurno hasta primeras horas de la noche. Además, era un espacio abierto a la participación y desde su nacimiento permitía el flujo continuo de pinchadiscos ocasionales. Durante años Ruralita fue el local más singular, ecléctico y, hasta en ocasiones, amablemente aburrido porque muchos de los sonidos programados eran pura abstracción ambiental.

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