LA TRANSICIÓN

Este año se pasó buscando le "verdad revelada" que no llegaba y, dicho sea de paso, estuvo a pocos meses de tirar abajo un proyecto que, posteriormente, daría de si –y mucho más– todo lo que este archivo recoge.
La principal razón por la que Vademecum no encajaba en la actividad nocturna local hay que buscarla, sobre todo, en la tendencia de la ciudad hacia cierta hegemonía por otros estilos musicales como el rock, más o menos clásico. En esa línea, Vademecum supuso otra ruptura porque sus principios iban hacia una oferta tan amplia como indefinida. Y ahí, en tierra de nadie, a pesar de las buenas intenciones, no había un sitio para una propuesta de estas características.

Dos hechos marcaron la personalidad definitiva del Club: una visita a la 25 edición del festival Glastonbury en 1995 y el Primer Aniversario de Vademecum. En relación al festival británico, fue una puerta a un mundo desconocido. Ya entonces el sonido Bristol estaba en plena efervescencia, pero no intuíamos esa entrega por la electrónica y, sobre todo, el techno: del inteligente al de club. Era evidente, que estábamos en puertas de algo grande y los medios españoles apenas se hacían eco de esta situación; por algo, poco antes –1994– había nacido el Festival Sonar en Barcelona.

El segundo episodio fundamental para nosotros fue la celebración del Primer Aniversario de Vademecum con el que ya daríamos el salto definitivo al baile. En ese momento, en una de estas casualidades de la vida, nos encontraríamos con Victor Flores y, gracias a él, la verdad revelada.

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